Columnas, comunicados y opinión de José Miguel Mata


Dinero para todos, títulos para los mismos 

JM Mata                                                                                                                                                               

“Contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa”. Es la definición que el diccionario de la Real Academia Española (RAE) asigna a la palabra COMPETIR en su acepción para personas. Adaptándola a los clubes de fútbol, se podría decir que competir es “contender entre ellos, aspirando unos y otros con empeño a los títulos en juego”. De competir deriva COMPETITIVIDAD, que la RAE define como la “capacidad de competir” y también como “rivalidad para la consecución de un fin”.

Sirva este preámbulo para justificar las razones por las cuales la mayoría de lo que todos entendemos como “el mundo del fútbol” (bueno, menos las pegas habituales de la RFEF de Villar, empeñado siempre en poner ruedas a cualquier carro que no vaya tirado por sus bueyes) ha acogido con agrado la novedosa venta centralizada de los derechos televisivos de las competiciones españolas. Tanto, tanto, que podría decirse que era “un clamor popular”. Todo sea en aras de la competitividad. Todo sea para dejar de escuchar frases recurrentes como: “Contra tal y cual club es imposible competir”. El sentir de la mayoría, sobre todo y especialmente de la mayoría de los aficionados, es que con el reparto más justo y equitativo de estos derechos competir será más fácil, la competitividad de unos aumentará con respecto a otros y, supuestamente, los títulos dejarán de ser coto de unos pocos y “sus” equipos aspirarán a mayores logros… 

Supuestamente, sí. Ciñámonos a lo estrictamente empírico. A lo demostrable con datos. Y para ello nada mejor que basarse en la competición ejemplo por excelencia. La primera que decidió la venta centralizada de los derechos televisivos. La más rica del mundo del fútbol. El espejo en el que todos (aunque algunos mucho mejor que otros, por cierto) se miran: la Premier League.

La Premier League, fundada como liga independiente el 20 de febrero de 1992, se disputó por primera vez con su nueva denominación y ya bajo los efectos del contrato audiovisual unificado en la temporada 92-93. La pasada, 2014-2015, fue por tanto su edición vigésima tercera. El primer campeón fue el Manchester United. El último, el Chelsea. En esos 23 años ha habido solo cinco equipos campeones: Manchester United (13), Chelsea (5), Arsenal (3), Manchester City (2) y Blackburn Rovers (1). ¿Se podría concluir que siguen ganando los mismos?

Según el último ranking de la UEFA, los campeonatos ligueros de España, Alemania, Inglaterra e Italia, por este orden, son los más potentes de Europa (lo cual equivale a decir del mundo). Por tanto, puede que económicamente sea la Premier League el más fuerte, pero no así deportivamente… a pesar de su tsunami de millones de euros.

Si analizamos los campeones de estos países desde  la  temporada  92-93,  se observa que hay una coincidencia casi absoluta. Excepto  Alemania,  que ha visto  a  seis clubes alzarse con el título de la Bundesliga,  en los otros tres campeonatos los triunfos se los han repartido entre solo cinco equipos (cuadro 1). Y únicamente en España no existía la venta centralizada de derechos televisivos. ¿Puede afirmarse que,  con estos ingresos mejor repartidos o sin una distribución más igualitaria, los títulos, como en España, casi siempre son para los mismos?


Siguiendo con la Premier, analicemos otro parámetro numérico que podría servir para comprobar si ha aumentado o no la competitividad. La diferencia de puntos entre el primer y el último clasificado de la tabla. Desde dos ángulos: la diferencia absoluta, esto es, el número de puntos logrados; y la relativa, es decir, el porcentaje de puntos conseguidos sobre el total posible y la distancia porcentual entre los que sumó el primer clasificado y el último (cuadro 2).

De estos números se desprende que, excepto en la primera temporada de la Premier, en la cual la diferencia porcentual de puntos entre el primero y el último clasificado de la tabla fue la misma que en la última campaña con el sistema anterior, un 34,9%, en todas las demás esta distancia porcentual ha aumentado. Es decir, habría existido menos competitividad a pesar de la equitativa distribución de ingresos televisivos.   

Es cierto que como referencia solo se ha tomado el dato de la última temporada sin formato Premier y, por tanto, podría considerarse una comparación escasa. Pero también lo es que, sumados los porcentajes de las 23 ediciones de la Premier, la diferencia media entre los puntos logrados por el campeón y el último clasificado es del 50,2%, es decir, un 15,3% superior a ese 34,9% de la campaña previa al estreno de la Premier League. Un margen que permite aventurar que las distancias entre clubes, lejos de acortarse, han aumentado. 


Pero vayamos a otra prueba empírica. Dado que los clubes de la Premier llevan 23 años recibiendo un caudal de millones televisivos que dobla e incluso triplica el del resto de campeonatos europeos, esta diferencia debería plasmarse en su apabullante dominio de los torneos continentales de la UEFA. Sin embargo, los clubes ingleses solo han levantado cuatro de las últimas 23 Champions. La mitad que los clubes españoles (8), una menos que los italianos (5), una más que los alemanes (3) y por encima de franceses (1), holandeses (1) y portugueses (1). 

Bien es cierto que en la Champions la competencia de los clubes ingleses son los otros grandes equipos europeos (Real Madrid, Barcelona, Bayern Múnich, Juventus, Milán…), que tienen a nivel particular parecidos o incluso más ingresos televisivos que ellos. Por tanto sería (que no es, pero concedámoslo), un parámetro equívoco.

Sin embargo, el que no lleva a equívoco es el balance de la Europa League (antes Copa de la UEFA). En esta competición se miden de forma habitual clubes de la zona media de las diferentes ligas continentales. Y ahí sí que hay una brecha abismal entre lo que reciben de la televisión clubes como, por ejemplo, el Tottenham (111 millones en la campaña 13-14 y 122 en la 14-15) o el Everton (106 y 110) y lo que reciben, también por ejemplo, el Atlético (40) o el Sevilla (32), por no nombrar equipos de otras ligas de menor importancia.

Una diferencia que permitiría augurar un dominio aplastante de los británicos en este torneo. Pero la realidad (¡otra vez de bruces con la realidad!) es bien distinta, pues de las últimas 23 ediciones del torneo solo dos han sido para clubes de la Premier. Y además para equipos no del segundo nivel, sino de la elite inglesa como son el Liverpool (00-01) y el Chelsea (12-13). Por el contrario, España ha sumado siete: cuatro del Sevilla, dos del Atlético y uno del Valencia, es decir, la clase media-alta de la Liga española. Italia (5), Alemania (2), Portugal (2), Rusia (2), Turquía (1), Holanda (1) y Ucrania (1) completan el cuadro.

Expuesto todo lo anterior, cada cual que saque sus conclusiones. El dinero de la televisión no ha cambiado apenas el panorama futbolístico de Inglaterra, donde el Manchester United se ha hecho con el título (suma 13) en el 56,5% de las Premier disputadas; y donde otros tres equipos, Chelsea (4), Arsenal (3) y Manchester City (2) han logrado el 39,1% restante, con la particularidad de que el Chelsea y el City han necesitado para ello apoyarse, además, en una estratosférica inversión de sus “mecenas-presidentes”, multimillonarios que tienen el dinero por castigo. El título del Blackburn Rovers hace ya veinte años queda en mera anécdota.

De igual forma, este maná de millones tampoco ha cambiado el statu quo entre el fútbol inglés y el del resto del Viejo Continente. De los 46 títulos continentales disputados desde la creación de la Premier solo seis (13,9%) han sido para los británicos. España ha conseguido 15 (32,6%) e Italia 10 (23,2%). Una enorme diferencia.

La incógnita, por tanto, es: ¿Será la Liga española más igualada gracias al mejor reparto de los mayores ingresos que provoca la venta centralizada de los derechos televisivos? Si se mira el caso Premier (casi igual valdría para el alemán o el italiano) está claro que NO. Y más difícil será cuando se analiza la fórmula que se aplica para repartir dicho dinero y se comprueba que la española es mucho menos “igualitaria” que la inglesa y que los clubes “modestos” ingleses reciben mucho más dinero.

La Premier tiene un sistema absolutamente claro. Cualquier aficionado, con una simple calculadora, puede saber a final de cada temporada cuánto ha ingresado cada equipo por los derechos televisivos. Y el reparto no establece ningún tipo de “privilegio” con ninguno de los 20 clubes de la competición.

Para explicarlo, pongamos un ejemplo imaginario (porque no contempla la parte del dinero que los operadores pagan por otras competiciones que no son la Premier). Supongamos que para la temporada recién comenzada el montante de los derechos solo para la Liga fuera de 2.100 millones de euros. El reparto quedaría así:

.- El 49,2% de este dinero (1.033,2 millones) se repartiría a partes iguales entre los 20 clubes. Cada uno recibiría por tanto 51,66 millones de euros.

.- El 25,4% de este dinero (533,4 millones) se repartiría por rendimiento. Es decir, por la posición en la tabla. De forma que el campeón cobra 20 veces más que el último; el segundo, 19 veces más; el tercero, 18 veces más… y así sucesivamente. En nuestro ejemplo, dividiríamos los 533,4 millones entre 210 (que es la suma de todos los puestos, 20+19+18+17…). El resultado es que el último clasificado cobraría 2,54 millones de euros. Por tanto, el campeón cobraría 20 veces más (2,54x20), 50,8 millones; el segundo, 19 veces más (2,54x18), 48,26… y así sucesivamente.

.- El 25,4% de este dinero (533,4 millones) se reparte por audiencia televisiva. Hay que tener en cuenta que en la Premier no se retransmiten todos los partidos (como sí sucede en España). En concreto, para la temporada recién comenzada las cadenas con los derechos ofrecerán 154 partidos de Liga (serán 168 a partir de la siguiente). Pues bien, se dividirían los 533,4 millones entre los 154 partidos. Cada partido valdría así 3,46 millones. Como cada partido lo disputan dos equipos, cada equipo recibiría por dicho encuentro 1,73 millones. Luego solo hay que saber cuántos partidos han televisado a cada club y multiplicar. El que haya aparecido 20 veces cobrará 34,6 millones. El que sólo haya aparecido en un encuentro, 1,73 millones.

Este es solo un ejemplo explicativo de la Premier, con cantidades irreales, aunque no descabelladas. Como dar todos los datos reales sería muy farragoso, baste hacer referencia a las dos últimas temporadas. En la 2013-2014, con este sistema, el campeón, Manchester City, obtuvo en total 120 millones de euros. El último clasificado, el Cardiff, recibió 78,9. Entre medias, Tottenham (111), Everton (106) Southampton (96,8) o Swansea (92,5).

La pasada, 2014-2015, el Chelsea de Mourinho se embolsó 136 millones de euros, por los 89,2 que cobró el colista Queens Park Rangers. Entre medias, el Liverpool (127), Tottenham (122), Everton (110) o Swansea (110).

Son cantidades estratosféricas comparadas con cualquier otro país europeo y que aumentarán a partir de la próxima campaña, cuando entre en vigor el nuevo contrato firmado con Sky Sports y BT. Gracias a él, los clubes de la Premier percibirán cerca de 7.000 millones de euros por tres temporadas y, según los cálculos, el peor pagado, el colista de la tabla, conseguirá unos 130 millones de euros anuales (casi lo mismo que cobran Real Madrid y Barcelona en España).

Pero volvamos al reparto de estos ingresos en España. Será semejante al modelo del Calcio italiano, con una premisa que no existe en otros países. Dos clubes, el Real Madrid y el Barcelona, tienen asegurados 140 millones cada uno. Y el objetivo futuro, el deseo de la Liga de Fútbol Profesional, sería dejar en 3 a 1 el ratio entre el que más cobra y el que menos. Por tanto, partiendo de esos 140 millones de blancos y azulgrana, la cifra mágica a lograr para el peor pagado de la Liga estaría sobre los 46,2 millones. Además, la Premier solo reparte entre los 20 clubes que la disputan, mientras en España el 90% de los ingresos serán para los 20 equipos de Primera División y el 10% para los 22 de Segunda, además de existir algunos porcentajes menores para otros fines (el 3,5% para ayuda a los equipos que desciendan; el 1% al fondo de solidaridad para la cotización a la Seguridad Social de los deportistas de elite; el 1% para la RFEF por el convenio firmado con la LFP; el 0,5% para los sindicatos; y otro 1% para la RFEF por los ingresos de la Copa y la Supercopa, competiciones federativas). Y el sistema sería así:

.- El 50% de los ingresos que correspondan a la Primera División (el 70% en caso de los de Segunda), repartidos de forma lineal entre cada uno de los clubes.

.- El 25% de los ingresos que correspondan a la Primera División (el 15% en el caso de los de Segunda), repartido en función de los resultados. Para la Primera División se contemplarán los resultados obtenidos en las cinco últimas temporadas, computando un 35% la última, un 20% la penúltima y un 15% cada una de las tres anteriores. La cuantía asignada a cada temporada se distribuirá a su vez por un porcentaje, que va desde el 17% para el campeón hasta el 0,25% para el colista, según una tabla ya prefijada (cuadro 4).

.- El 25% de los ingresos que correspondan a la Primera División (el 15% en el caso de los de Segunda) se repartirá en función de la “implantación social del club”. Un tercio de este criterio vendrá determinado por la recaudación media en abonos y taquilla de las últimas cinco temporadas; los otros dos tercios, por la participación en la generación de recursos por la comercialización de las retransmisiones televisivas.

Como queda claro, un sistema mucho más farragoso y prácticamente imposible de resolver a nivel aficionado ni con calculadora ni con un superordenador inteligente, por la sencilla razón de que contempla parámetros complicadísimos de seguir y hasta de conseguir (incluso aunque se hicieran públicos y fueran fiables) por el hincha de a pie.

¿Quiere esto decir que la venta conjunta de los derechos televisivos y el reparto más igualitario de estos ingresos no consigue los fines perseguidos? En absoluto. Quiere decir que no consigue el fin con el que la mayoría de los hinchas de los clubes no denominados “grandes”, según las connotaciones específicas de cada país, sueñan: Ganar títulos. Quiere decir que competir contra esos “grandes” es mucho más que acercarse a ellos en el montante de la remuneración por televisión. Quiere decir que, con la venta conjunta o sin ella, el 99,9% de los títulos seguirán siendo para los mismos clubes. Un hecho que, guste o no, es una realidad.

Sin embargo, si los títulos seguirán siendo para los mismos, el nuevo reparto televisivo se supone que traerá otros efectos beneficiosos para el fútbol español. Al menos así se expresaba el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, en las páginas del diario As el pasado 21 de agosto:

“Los dos grandes lo seguirán siendo, pero los otros equipos tendrán más equilibrio y más posibilidades. Ya este verano se han visto síntomas de que será así. El Atlético de Madrid ha podido retener a Godín, el Valencia se ha reforzado, como también el Sevilla. Han sido más noticia las altas que las bajas. Cada vez llegará más talento al Campeonato español. Esto quiere decir que ese nuevo reparto nos trae otro escenario. Se va a hacer posible que los grandes jugadores se queden en nuestro Campeonato. Y también se hará posible otro viejo reto, que es aspirar al saneamiento completo del fútbol español. El desarrollo del último Real Decreto nos llevará a que el noventa por ciento de los clubes españoles profesionales estén saneados ya para la próxima temporada. Esto es vital, porque dará estabilidad y viabilidad al fútbol español”.

Sí, sí… pero seguirán ganando los mismos. 



 

 

Los futuros #SueñosEnGrande

del fútbol femenino español.. 

JM Mata                                                                                                                                                                

Parafraseando al legendario astronauta Neil Armstrong, el primer ser humano que pisó la Luna, convengamos que haberse clasificado y disputar por primera vez un Mundial “es un pequeño paso para nuestras chicas, pero un gran salto para el fútbol femenino español”. Cierto. Solo desde esa lunática perspectiva está justificada una euforia que, agrupada bajo el lema #SoñarEnGrande, ahora denominado hashtag por mor de la globalidad, ha “enloquecido” a neófitos y veteranos aficionados al balompié del sexo fuerte (sí, llamemos de una vez por todas a la realidad como la realidad nos dicta).

 

Durante quince días (¿por qué unas tan poco y otros tanto?), instituciones, anunciantes, medios de comunicación, comunicadores, políticos… han opinado, analizado y profetizado cual adalides de la igualdad sobre un fenómeno que en su mayoría desconocen y cuya fiebre, me temo, se les pasará hasta que otro Mundial u otra Eurocopa nos contagie. Pese a ello, y como presupongo que su intención era buena, bienvenidos sean estos visitantes ocasionales. Dado que nadie va a pasarles lista en el futuro, con que uno solo se quede para siempre, ya será un gran salto para el fútbol femenino español.

El derecho a #SoñarEnGrande es algo que únicamente las jugadoras se han ganado. Las de la selección que nos han representado en Canadá y las de los cientos de equipos que cada fin de semana se recorren España disfrutando y sufriendo de su afición por el fútbol. También los aficionados incondicionales, los de “siempre jamás” (entre los que no me considero, para que quede claro y nadie me llame oportunista).  

Para las que han defendido el pabellón español sobre el campo, el sueño nunca podía acabar en pesadilla. Solo el hecho de haber estado ya las encumbra. Se ganaron el derecho a ir y han hecho lo que han podido, han dado lo mejor de ellas mismas y no estaban obligadas a más. Para ellas, #SoñarEnGrande era participar y, si acaso, superar la primera fase. Hablar de clasificarse para los Juegos de Río 2016 era una quimera, pues suponía mejorar las prestaciones de al menos cinco de las otras siete selecciones europeas participantes, cuando todas, menos Suiza (19ª), superan a España (14ª) en el ranking mundial, y tres de ellas, Alemania (1ª), Francia (3ª) y Suecia (5ª), están en el top cinco.

Nada de fracaso, por tanto. Hubo errores. Así, a vuelapluma, sorprende el ataque de entrenador de Ignacio Quereda en el primer partido ante Costa Rica. El que había que ganar sí o sí porque enfrente estaba el equipo 37º del mundo. Tres puntos vitales que te aseguraban ir con más tranquilidad a los dos siguientes partidos. Y prescindió de su jugadora faro, de la que mueve el equipo, de una pieza vital como había demostrado antes, en la fase de clasificación, y demostró luego, en los dos siguientes encuentros en Canadá: Virginia Torrecilla. Si a ello sumamos los nervios del debut en una cita como esta, la enorme falta de acierto ante la portería, algunos desajustes y errores defensivos en momentos puntuales que costaron caro… el resultado es el billete de vuelta a casa.

Sin embargo, es precisamente ahora cuando el fútbol femenino no debe dejar de #SoñarEnGrande. Ahora que ha quedado demostrado que, a su nivel, con sus connotaciones, con sus potencialidades y sus debilidades, tiene tirón, “su” tirón, y un futuro perfecto siempre que se siga #SoñandoEnGrande. Aunque, claro, no precisamente esos sueños coinciden con los que, dejando a las jugadoras aparte, se han vendido al público de a pie. Esta es mi visión particular y más realista de #SoñarEnGrande…

#SoñarEnGrande con un nuevo estilo en la RFEF. Para que este progrese, la RFEF debe cambiar de forma radical su manera de “trabajar” por el fútbol femenino (bueno, en realidad mi #SueñoEnGrande sería que cambiara la propia RFEF y algunos de sus inquilinos). Hasta hoy, ni una mala palabra (de puertas para afuera) ni una buena acción (de puertas para dentro). O casi. En la casa del fútbol, al femenino se le da la misma importancia que a la página del horóscopo en un diario de información general.

#SoñarEnGrande con que se potencie de verdad a la selección. Es el equipo de todos y el que más incumbe a la propia RFEF. Pero las chicas de Ignacio Quereda fueron las últimas en llegar a Canadá. ¿Una anécdota? Vale, se acepta pulpo. Pero además, y dejando aparte a las tres africanas (Camerún, Costa de Marfil y Nigeria), la española fue la selección que menos encuentros amistosos de preparación disputó: ante Austria, Bélgica, Nueva Zelanda e Irlanda. De estos rivales, sólo Nueva Zelanda también estaba clasificada para el Mundial. Suiza, por no citar a la selección europea más potente sino a la que está por debajo de España en el ranking, jugó ocho: dos contra Portugal y uno respectivamente frente a Islandia, EE.UU., Noruega, Brasil, Suecia y Alemania, estas cinco últimas potencias mundiales del fútbol femenino y con billete para la cita canadiense.

 

¿Casualidad? No, causalidad. Es la causa de cubrir el expediente sin el menor entusiasmo. Porque ha sido una tónica de los últimos años. Una desidia por el femenino como constata el hecho de que el amistoso disputado ante Austria en Santiago de Compostela el 15 de febrero de 2012, como preparación para la fase de clasificación a la Eurocopa Suecia 2013 (en la que felizmente estuvo España), era el primero que disputaba el equipo nacional femenino desde… ¡2005! ¡Siete años! Por cierto, en este duelo estrenó oficialmente el cargo presidiendo su primer evento deportivo el entonces novato secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal. Eran tiempos de vino y rosas entre la RFEF y el CSD, que no duraron demasiado.

#SoñarEnGrande con que la RFEF invierta realmente en el fútbol femenino. Desde el año 2008 el Programa de Asistencia Financiera de la FIFA (FAP), que contribuye con fondos de este organismo al desarrollo del fútbol en las distintas asociaciones nacionales, obliga a que cómo mínimo el 15% de lo que se recibe se destine al fútbol femenino. Ese “cómo mínimo” ha sido un dogma de fe para la RFEF, que se ha limitado a cumplirlo de forma estricta.

 

Así, desde 2011 hasta 2014, de los 250.000 dólares anuales que la RFEF solicitó a la FIFA (incluso en 2011, cuando además recibió un bonus de 300.000 dólares extra), a torneos femeninos dedicó 37.500, justo el 15% obligado, por los 212.500 para torneos masculinos. En este 2015, la FIFA otorgó a la RFEF 1.050.000 dólares. Pues aún siendo año de Mundial Femenino, para torneos femeninos la RFEF presupuestó 320.000 dólares, por los 400.000 para torneos masculinos, 60.000 al fútbol juvenil  y 270.000 para fútbol sala y fútbol playa.

La Federación de Suecia, por tener una referencia, consignó la misma cantidad (125.000 dólares) para torneos femeninos y para fútbol juvenil (no torneos masculinos, a los que dedicó 0 euros, sino fútbol juvenil) desde 2011 hasta 2014. Y en 2015, también sobre un presupuesto de 1.050.000 dólares, su distribución ha sido casi igualitaria (225.000 fútbol juvenil; 80.000 a torneos masculinos; 172.000 torneos femeninos y 352.000 al fútbol sala y fútbol playa). Una comparación muy odiosa.

Y ya ni comentario merecen detalles como las dietas de las internacionales, que se han subido, supongo que por vergüenza, de los 25 euros diarios que han recibido durante décadas a ¡40 eurazos! O que el premio al club campeón de Liga, en este caso el Barcelona, haya sido, redondeando, la increíble cantidad de ¡1.300 euros!

#SoñarEnGrande con una nueva estructura deportiva. Para crecer en interés y progresar hay que competir. Y para conseguir competitividad, además del talento innato de las jugadoras, que lo hay y mucho, hay que fomentar la competencia. Y la Liga de Primera División no lo consigue. A la hegemonía del Rayo Vallecano ha seguido la del Barcelona… que continuará mientras el club azulgrana quiera. Por la capacidad económica y porque acumula a las mejores jugadoras en el mismo equipo. 

¿Tiene sentido que en España se dispute la Liga con mayor número de equipos? La Bundesliga, en un fútbol como el alemán que multiplica por quince el número de fichas femeninas españolas, sólo la disputan 12 clubes; los mismos que la Liga Nacional de Suecia, la Primera División en Francia o la de Noruega, todas potencias continentales; caso extremo es la Super League inglesa, que se queda en 8 equipos. La Primera División española la juegan 16 equipos. No hay calidad para que todos compitan, y eso se paga luego cuando se sale al extranjero.

#SoñarEnGrande con una estrategia comercial y de marketing para el fútbol femenino. Bien implantada desde la RFEF o, muchísimo mejor todavía, por los propios clubes que, desde el minuto uno de esta historia, han sido y son los impulsores, defensores, valedores, financiadores y sufridores de todo lo que es hoy en día el fútbol femenino. Pero todos a una, olvidándose de personalismos y egos que llevan a la insignificancia, al mal de muchos en lugar del bien de todos. Hay que poner en valor, sea este mucho o poco, las competiciones, las jugadoras, los propios clubes, la imagen común, las equipaciones, el balón y un largo etcétera… El fútbol masculino puede ser un espejo en el que mirarse no para copiarlo, sino para aprender de lo bien hecho y huir de lo malo.

 

Una asociación de clubes, incluso agrupados en una Fundación del Fútbol Femenino, es el único futuro. ¿A día de hoy un imposible? No si hay voluntad y deseo de no tapar la Luna con un dedo. Porque disfrutar de la Selección en un Mundial, sin restar ni el más mínimo mérito, es también un espejismo propiciado por una generación fantástica de futbolistas en un buen estado de forma simultáneo y en un grupo accesible de clasificación. Pero esa no es la realidad del fútbol femenino español. Más bien al contrario. La realidad es la desaparición progresiva de algunos clubes históricos por falta de dinero, pero también de alicientes de futuro; la realidad es que otros (Espanyol) que en su día lucharon por los títulos se vean abocados a quedar prácticamente en presupuesto cero; la realidad es que alguno (Rayo Vallecano), que fue tricampeón de Liga hace apenas cuatro años y el primero en superar una ronda de la Champions, “mendiga” cada pretemporada para evitar su cierre; la realidad es que un año sí y otro también hay clubes (Oviedo Moderno, Sporting de Huelva, Sant Gabriel…) con serias dificultades para sobrevivir y cumplir con sus obligaciones con la competición… La realidad es que el Mundial nos ha hecho creer en que el fútbol femenino español es una estructura sólida, cuando en realidad está mal diseñada, mal cimentada y peor apuntalada.

#SoñarEnGrande con el fútbol femenino en televisión, en abierto… y que cobren los clubes. Un objetivo que es un poco consecuencia de lo anterior, porque es imposible lograrlo sin la anuencia de todos. Lo visualizado la última temporada y media, seguro que bienintencionado y correctamente realizado técnicamente, ha sido un sucedáneo con poca chicha de lo que debe ser en realidad. ¿Un partido en un canal de pago? ¿Y en el canal de pago con menos abonados del país? ¿Es eso poner el fútbol femenino al alcance de todos los potenciales aficionados? ¿Nadie ha sabido o podido conseguir algo más positivo para el fútbol femenino español? 

Estos deberían ser los #SueñosEnGrande del fútbol femenino español. Sólo así se podría hacer realidad algún día el que parece se ha fijado el seleccionador nacional, Ignacio Quereda, quien en la visita al diario AS antes de partir hacia Canadá señaló: “Estoy convencido de que en 15 años la selección puede ser campeona del mundo”. ¿Quince años? Vale, yo me apunto. Aunque me temo que realizar esa profecía es tener la cabeza justo donde el amigo Armstrong puso por primera vez la huella del ser humano en 1968.


El Mejor Club de Fútbol del Siglo XX sigue sin entrar en el Siglo XXI - JM Mata 

En su Artículo 2, relativo a la Naturaleza jurídica y objeto, los Estatutos del club señalan que “el Real Madrid Club de Fútbol es una entidad Deportiva que tiene como objeto y fin dedicar su actividad y patrimonio a conseguir, de forma primaria y principal, el fomento del fútbol, en sus distintas categorías y edades y, de forma general, la práctica de todos los deportes que determinen sus Órganos Rectores”. “De igual modo –continúa-, como complemento, podrá promover el desarrollo de la cultura física, moral e intelectual de sus afiliados, facilitando las relaciones sociales y el espíritu de unión entre ellos”.

 

Esta declaración de intenciones refleja sin dejar lugar a duda la esencia de lo que debe ser el Real Madrid Club de Fútbol. Afirma la razón de ser de una entidad plasmándola desde la línea cuatro de los citados estatutos hasta la línea doce y sienta la base del fin que debe regir los desvelos de dirigentes y empleados de la sociedad. Pero a día de hoy no se están cumpliendo. La realidad así lo indica. Los Estatutos imponen una obligación: “de forma primaria y principal, el fomento del fútbol, en sus distintas categorías y edades…”. Entonces, ¿por qué el Real Madrid no tiene aún categoría femenina?  

En el siglo XXI uno de los motores de la solidaridad social es la lucha incansable en pos de la igualdad de oportunidades, en pro de hacer realidad el deseo de que hombres y mujeres son iguales para acceder al empleo, a la formación, a la promoción profesional, en las condiciones de trabajo o en el acceso a bienes y servicios y su suministro… Pero resulta que son diferentes para gran parte del fútbol. Porque, entre otros, el Real Madrid es el FÚTBOL, con mayúsculas. O al menos así lo sienten y saben todos.   

Al presidente del Real Madrid, D. Florentino Pérez Rodríguez, se le atribuye la siguiente frase: “El fútbol femenino no es rentable y no interesa” (El Confidencial, 31-10-2009). Puede que hoy todavía no sea rentable y “no interese” lo suficiente. Pero al enorme olfato como negociador del señor Pérez no debería escapársele la opinión de un organismo tan apegado al vil metal como es la FIFA (“el fútbol femenino se ha convertido en un fenómeno mundial, en la llave que conducirá al crecimiento del deporte en todo el planeta. El futuro del fútbol es femenino”, Joseph Blatter dixit).  

 


Para el Real Madrid, y algún otro club en su situación, sería muy rentable, por ejemplo, no ser objeto de escarnio si un día se presenta uno de sus socios (o socias, que para pagar cuotas y abonos el fútbol del Real Madrid también es “femenino”) en la puerta de la flamante Ciudad Deportiva para hacer una prueba a sus hijos, que como millones de personas en el mundo sueñan con jugar en este equipo. Y mientras a su hijo “varón” se le permite la entrada, a su hijo “hembra” se le niega. ¿Y si se presentasen cien? ¿O mil? ¿Sería rentable el daño a la imagen del Real Madrid? ¿Acaso con esta actitud se ayuda a “promover el desarrollo de la cultura física, moral e intelectual de sus afiliados, facilitando las relaciones sociales y el espíritu de unión entre ellos”?  

Pero es que, además, el fútbol femenino puede ser rentable. Sobre todo si tu nombre es Real y tu apellido, Madrid. 

Se ha publicado mucho referente a formas posibles para que sea viable. Entre otras nuestro trabajo ya realizado y analizado en el Plan Director de la Liga de Fútbol Femenino, y no se refiere solo a un club, se refiere a toda la Liga.  También, "gestionándose a través de la Fundación, como hacen otros clubes y con las desgravaciones que para las compañías colaboradoras conllevaría, salida apuntadas por muchos, o incluso gestionarlo a través de un tercero", posibilidad apuntada por otros. Y otras como "crear una escuela y que se llenen de niñas los campos de la Ciudad Deportiva, niñas que pagarían gustosas por aprender a jugar; incluso se ganaría dinero". Más de uno y de dos, rizando el rizo hasta más de tres, pensamos que el día que el Real Madrid solicite voluntarias para realizar unas pruebas y crear su categoría femenina la fila de mujeres llegará desde el Santiago Bernabéu hasta no se sabe dónde. 

¿Es un problema de dinero? ¿De “rentabilidad”? Evidentemente es solo cuestión de ponerse a ello y analizar su puesta en marcha.

El presupuesto del Real Madrid CF para esta temporada 2014-2015 es de 577.700.000 (quinientos setenta y siete millones setecientos mil) euros. Sobre dicha cifra, el importe a invertir en una categoría femenina y su estructura supondría como máximo un 0,20%. Sin embargo, sumaría de forma gigantesca en la nómina de simpatías a la hora de apuntalar la percepción de señorío, el respeto a su esencia y la adaptación a los tiempos que vive el designado como Mejor Club de Fútbol del Siglo XX. 

Los Estatutos del Real Madrid reflejan que bajo la insolidaria excusa de la rentabilidad no admiten todo. Lo hacen ya desde la primera línea de su Artículo 1, Denominación. Artículo que, ya que pasamos por él, señala: “Los presentes Estatutos regirán la vida de la Entidad Deportiva denominada REAL MADRID CLUB DE FÚTBOL”. Eso, salvo que yo haya leído mal y en realidad ponga “REAL MADRID CLUB DE FÚTBOL MASCULINO”. 

 


  

Siete de cada diez seguidores no se vinculan con los clubes y, según el CIS, sólo el 12,9% de los consumidores habituales de deporte pertenecen a alguna entidad - JM Mata 

 

El deporte, en especial el fútbol es un fenómeno social. Su enorme repercusión se debe en gran medida a que se practica, se consume y se disfruta en sociedad y, por ello, crea vínculos afectivos y de solidaridad tanto con el resto de practicantes y aficionados, y más importante, con el club del que se es simpatizante.

Los últimos estudios realizados por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) señalan que el 84% de los ciudadanos tienen el deporte (no sólo el profesional) entre sus preferencias para ocupar el tiempo de ocio como espectador.

Sin embargo, según el mismo estudio, sólo un 12,9% de estos consumidores de deporte pertenecen a alguna asociación o club. En SEYER & ASOCIADOS ofrecemos soluciones para atraer a esos potenciales clientes. Un 71,1% necesita algún tipo de estímulo por parte de los clubes deportivos para vincularse a ellos y pasar a convertirse en una fuente constante de ingresos.

Igualmente, la familia y los amigos son una garantía de regeneración de aficiones o fidelidades y, para el club, de conseguir nuevos prescriptores. No en vano, según el estudio del CIS, el 88,8% de las personas que acuden a los eventos deportivos lo hacen siempre acompañados de sus familiares (un 40%) o de sus amigos (un 48,8%). Igualmente sucede en lo que se refiere al consumidor de deporte en televisión. El 60,6% lo disfruta en compañía de familiares frente al 13,5% que lo hacen con amigos.